...:::Criminales lujuriosos:::...

....:::aserríndelamuñeca

La frialdad descriptiva es dolorosa. Más aún cuando está disfrazada con un ropaje de objetividad y de ostensible buena intención. Este es el caso de mucha literatura médica. En ella se inhibe en el lector cualquier comentario al margen que impida el desarrollo de la mirada atenta, pues la escritura ahí pasa por ser un medio por el cual se solucionan problemas aparentemente delimitados por la ciencia. El lector no entendido -para quien no han sido redactados los historiales clínicos, ni las descripciones de casos- se halla casi siempre frente a tales textos como un invitado indeseable que a duras penas observa  por el ojo de la cerradura sucesos que no le incumben. De tal puntualidad a la larga hallaremos sólo el fastidio, una sensación muy parecida a la que nos produce Sade al insistir en el coito hasta aburrirnos intencionalmente con su profusión desmedida.

Los siguientes ejemplos, casi fotográficos, intentan este divorcio entre emoción y razón, aunque no lo logren. Han sido recogidos del libro Criminales lujuriosos del doctor Valentí Vivó, publicado en 1910 (veinticinco años después de la primera edición del famoso Psychopathia sexualis de Richard von Krafft-Ebing). En ellos la mirada subjetiva no ha sido retirada del todo. Aparece en la construcción del relato, en la organización narrativa que moraliza la información con adjetivos que agregan un sabor ligero a lo duro de las situaciones.

                                   Valentí Vivó

Saint-Etienne.- W., tornero; divorciado; contrariado por las visitas asiduas de A. a P., 23 a., intentó estrangularla, la precipitó desde un viaducto de 27 metros; agarrada a la balaustrada le golpeo las manos, desasida se estrelló en el balastro; antes la había robado.

Marseille.- S., apache, ladrón; no dejando prenderse mató dos policías a tiros, y fue expulsado durante los debates por insolente y cínico.

Changy.- B., 68 a.; sacristán; durante 10 años abusó de las coristas y las niñas, en la iglesia aquellas, y en el campanario y el cementerio éstas.

París.- A. M., zapatero; abandonado por su esposa e inconsolable, se precipitó delante del tren metropolitano; quedó ileso.

Poidolsk.- C., magnate; tenía en sus posesiones convites, fiestas, cacerías y un harén; bellas jóvenes, 15-18 a.; reclutadas en Odessa, Varsovia, Kischineff -rusas, polacas, rumanas, ukranias- por una celestina C., que anunciaba en la prensa colocaciones para muchachas (1910).

París.- E.M., 24 a; posadero, amancebado; casó con M.a L., 19 a.; seducida por un domador de leones, vivió con éste, quien al ser sorprendido apaleó al esposo en unión de sus compañeros; vuelta al domicilio conyugal, manifestó que prefería al argelino y fue muerta por un balazo en la cabeza por el marido.

Frienze.- D. ex cantante, segunda esposa del multimillonario vizconde G.; su hermosísima hija J.a, 16 a.; enamorada y correspondida de A.S., tenor notable, protegido por G.; ambos murieron en el invernáculo asfixiados por el tufo de carbón de las estufas de noche, por haber la madrastra rival, disimulado su pasión, calafateado los respiraderos y cerrado la puerta, guardándose la llave y acostándose tranquilamente.

París.- A. D., 16 a.; tiranizó su familia; soutaneur; detenido, intentó suicidarse en la celda ahorcándose con un trapo sujeto al barrote de la ventana, juró matarse si no lo devolvían a su madre.

París.- E. F., 27 a.; estudiante, ruso; recién llegado de Odessa, visitó a su compatriota y colega Srita. G.; por celos la hirió levemente con un revolver y se mató por un balazo en el corazón.

 

 

 




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